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jueves, 22 de septiembre de 2011

¿Para qué sirve Bromatología...?

Hoy hemos salido a pasear y disfrutar del día de primavera...
En el Parque Batlle; paseando en camioneta; en el Parque Rodó...y mientras los niños chiveaban nosotros mirábamos distraídamente el paisaje, los árboles, los juegos, las hamacas, el señor que vende pororó...(pop corn, en el idioma universal). Este buen señor, tiene una máquina para hacer las rosetas de maíz, no sé bien cómo funciona, pero sí parece que cada tanto tiene que revolver y entreverar; tiene una especie de palita...pero lo hace con la mano, ¡con todo el brazo! Luego cierra prolijamente la abertura, se come unos cuantos pororós y se chupa cuidadosamente los dedos; se limpia el azúcar en su vaquero, otro poco en el buzo y se cruza de brazos.-
¡Esperen! Viene un cliente: es un niñito con su mamá. Abre la puerta, llena una bolsita, se pasa el dedo por la lengua para abrir una segunda bolsita donde colocará la primera; le cobra, le da el cambio y sin lavarse las manos; vuelve a revolver las rosetas!!...cierre, coma, chupe el dedo, limpiese en el pantalón, ahora en el buzo...Uy! qué simpático perrito medio sarnoso! El bondadoso señor le palmea cariñosamente la cabeza y el cogote y como el pobre chucho tiene hambre y lame las palomitas que hay en el piso; abre su máquina y sin lavarse las manos, con la misma pala que llena las bolsitas para los niños...¡¡le sirve al perro a la vuelta del kiosco!!
  Mis buenos amigos Teresa y Diego, acabaron vendiendo su frustrada fábrica de chacinados porque fueron tantos los requerimientos de Bromatología y tantos los permisos y las formas que nunca pudieron satisfacer a ese organismo...
Cosas veredes, Sancho!